La tarea más difícil que harás jamás

Mary Cook - Gustavus
Entered on July 10, 2008
Mary Cook
Age Group: 30 - 50

El día en que mi prometido murió, empezó a nevar, como en cualquier otro momento de noviembre, como si mi mundo no se hubiese desmoronado cuando él se cayó del tejado. Su cuerpo, cuando lo encontré, estaba cubierto por una ligera capa de nieve. Nevó casi a diario durante los cuatro meses siguientes, que pasé sentada en el sofá mirando caer la nieve.

Una mañana, bajé las escaleras arrastrando los pies y me asusté al ver un quitanieves que limpiaba el camino de acceso a mi casa y la espalda inclinada de una mujer con una pala que despejaba la entrada. Me dejé caer de rodillas, atravesé el salón a gatas y así subí las escaleras, para que aquellos buenos samaritanos no me vieran. Aquello me mortificaba. Lo primero que pensé fue cómo podría pagarles. No tenía fuerza para cepillarme el pelo, menos aún la tendría para palear nieve en la entrada de la casa de nadie.

Antes de la muerte de Jon, el hecho de pedir favores o ayuda muy rara vez me hacía sentir orgullosa. Me definía como una persona competente e independiente. ¿Quién era yo, pues, si había dejado de ser eficaz y laboriosa? ¿Cómo podía respetarme a mí misma si lo único que hacía era pasar los días sentada en el sofá, mirando caer la nieve?

Aprender a recibir el amor y el apoyo que me llegaba no fue fácil. Los amigos cocinaban para mí y yo lloraba porque ni siquiera podía ayudarlos a poner la mesa. “No soy así de inútil”, gemía. Finalmente, mi amiga Kathy se sentó a mi lado y me dijo: “Mary, cocinar para ti no es ningún esfuerzo. Te quiero y me gusta hacerlo. Me hace sentir bien el poder hacer algo por ti.”

Una y otra vez, oí expresar sentimientos similares a las personas que me apoyaron durante aquellos días oscuros. Un hombre muy sabio me dijo: “Sí que estás haciendo algo. Abrirte completamente a tu dolor debe de ser la tarea más difícil que harás jamás.”

No soy la persona que fui pero en muchos sentidos he cambiado para mejor. Ahora, la tela de mi vida está tejida con gratitud y humildad. Me sorprendió comprobar que si uno enfrenta sus peores miedos y sale entero de ello, gana una increíble libertad. Creo que se requiere mucha fuerza para rendirse.

Mary Cook forma parte del personal de tierra de una empresa de taxis aéreos en Gustavus, Alaska, una comunidad de cuatrocientas almas rodeada por el Parque Nacional de Glacier Bay. Además de cargar y descargar aviones, Cook se ocupa del correo y atiende la única cafetería del pueblo. También sirve como voluntaria en una residencia para enfermos terminales.

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Este ensayo es material protegido por derechos de autor, reproducción o no se permite la extracción sin el consentimiento por escrito de Este a mi juicio, Inc Fue traducido por Horacio Vázquez-Rial y reimpreso con el permiso de la Plataforma Editorial.

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