¿Cómo es posible creer en Dios?

William F. Buckley, Jr. - New York
Entered on July 10, 2008

Siempre me ha gustado el diálogo en que se caricaturiza al emocionado joven darwiniano de finales del siglo XIX. Éste le dice con grandilocuencia al colega más viejo: “¿Cómo es posible creer en Dios?” La imperecedera respuesta es: “Encuentro más fácil creer en Dios que creer que Hamlet fue deducido de la estructura molecular de una chuleta de cordero.”

La bala retórica lo tiene todo: ingenio y profundidad. Más de una vez me ha recordado que el escepticismo respecto de la vida y la naturaleza suele ser expresado por quienes dan por sentado que la fe es una concesión de los supersticiosos; incluso su opio, por citar a un cosmólogo histórico al borde de la muerte total. Concedido, eso de mirar las estrellas nos acerca a la incredulidad en forma irresistible: ¿cómo puede tan azaroso arreglo ser otra cosa que una elaboración, casi infinita, de impulsos naturales? Sí. Y por otra parte, ¿quién se atrevería a decir que es más fácil encontrar la disposición de las estrellas en la naturaleza que en quien haya moldeado la naturaleza? ¿Cuál es mayor milagro: que Lázaro se levantara de entre los muertos o la mera existencia del hombre que murió y de los testigos que juran haberlo visto resucitado?

Los escépticos salen bien librados amañando las probabilidades en contra del creyente, las más de las veces apuntando a fenómenos que sólo son explicables por la fe, ya veis, y que tienen causas siempre deducibles. ¿Pero cómo es posible deducir la causa de Hamlet? ¿O de la Pasión según San Mateo? ¿Cuál es la causa de la inspiración?

Esto es lo que creo: que es intelectualmente más sencillo aceptar la existencia de una inteligencia divina que entregarse estúpidamente a tópicos felices acerca de la naturaleza. Cuando era niño, me impresionó un cuento. Trataba de un hombre, en un bar, que alardeaba de su desarraigo, rechazando burlonamente los convencionalismos patrioteros de derechas y de izquierdas. Pero poco más tarde, un hombre manifestaba su animadversión hacia un pequeño principado de los Balcanes y se encontraba de pronto con el puño del individuo sin nación, que no permitía que se insultara al país en que había nacido.

De modo que creo que es tan probable que haya un hombre sin patria como que haya un mundo sin un creador.

William F. Buckley, Jr. fundó en 1955 la National Review y fue su editor durante muchos años. Como comentarista conservador, participó en el programa Firing Line (La línea de fuego), de la televisión publica, que estuvo en pantalla largo tiempo. Buckley es también autor de la aclamada serie de novelas de espionaje de Blackford Oakes.

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Este ensayo es material protegido por derechos de autor, reproducción o no se permite la extracción sin el consentimiento por escrito de Este a mi juicio, Inc Fue traducido por Horacio Vázquez-Rial y reimpreso con el permiso de la Plataforma Editorial.

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