En memoria de todos los muchachos

Elvia Bautista - Santa Rosa
Entered on July 10, 2008
Elvia Bautista
Age Group: 18 - 30

Creo que todo el mundo merece flores en su tumba.

Cuando voy al cementerio a visitar a mi hermano, me entristece ver tumbas sin flores, sólo la fría piedra.

Se ven solitarios, como si nadie los quisiera. Creo que eso es lo peor del mundo, esa soledad. Nadie que te visite y quite el polvo de tu nombre y te cubra de color. Una tumba sin flores da la impresión de que la persona ha sido olvidada Y cabe preguntarse a qué aspiran los vivos: ¿a ser olvidados?

Casi cada día hay algo nuevo en la tumba de mi hermano: flores que yo le llevo, o velas de la tienda de todo a un dólar, o una imagen de la Virgen María, o copitas. Hasta algún homie, un muñeco con pinta de gángster.

En cierta ocasión, uno de los homies de mi hermano llevaba hasta un manojo de marihuana para él; me parece que mi madre lo retiró. Y que también retiró el trapo azul que alguien le dejó un día.

A veces, cuando llevo flores, las dispongo en las tumbas que rodean la de mi hermano. En algunas de las lápidas figuran fechas de nacimiento próximas a la suya; son jóvenes, también. Buena parte de ellas tiene encima juguetitos u objetos rojos.

Alrededor de mi hermano hay muchachos que crecieron amando el rojo, lo que los convertía en enemigos de mi hermano. Mi hermano tenía dieciséis años cuando alguien, a quien le gustaba el rojo, le disparó y lo asesinó porque a él le gustaba el azul. Y cuando voy al cementerio, también pongo flores sobre las tumbas de los muchachos a los que les gustaba el rojo.

En ocasiones, voy al cementerio en compañía de una de mis mejores amigas, que perdió la cabeza por un chico al que le gustaba el rojo, que a su vez fue asesinado a los dieciocho por alguien que prefería el azul. Y nosotras queremos ir juntas y llevar un gran ramo de flores, suficiente para los dos muchachos, cuyas familias son en realidad del mismo estado de México.

Sólo yo y unos pocos amigos míos visitamos las tumbas de los dos muchachos. Hay quien piensa que no es buena idea. Y hay quien piensa que es heroico.

Yo pienso que unos y otros dicen estupideces. Yo no tengo la intención de faltar al respeto a ciertas normas especiales ni de detener una especie de guerra. Voy porque creo que no importa de dónde vengas ni cuáles sean tus creencias, cuando mueres, quieres flores en tu tumba y gente que te visite y que te recuerde.

No soy una traidora ni una heroína. Soy la hermana de Rogelio Bautista y digo su nombre para que lo oigas y seas una persona más para recordarlo. Quiero que todo el mundo recuerde a todos los muchachos, rojos y azules, de mi cementerio. Cuando recordamos, ponemos flores en sus tumbas.

Elvia Bautista, de veintidós años, vive en Santa Rosa, California, donde trabaja en el cuidado de ancianos y discapacitados mentales. Aunque el resto de su familia se mudó tras el asesinato de su hermano, Bautista siguió viviendo en el mismo lugar. Tras abandonar sus estudios en el instituto, habla con los jóvenes sobre los riesgos de la vida en bandas.

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Este ensayo es material protegido por derechos de autor, reproducción o no se permite la extracción sin el consentimiento por escrito de Este a mi juicio, Inc Fue traducido por Horacio Vázquez-Rial y reimpreso con el permiso de la Plataforma Editorial.

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