Mantén la calma con el repartidor de pizza

Sarah Adams - Port Orchard, Washington
Entered on July 10, 2008
Sarah Adams
Age Group: 18 - 30
Themes: golden rule, work

Tengo una filosofía operativa de la vida: “Mantén la calma con el repartidor de pizza; trae buena suerte.” Cuatro principios rigen la filosofía del chico de la pizza.

Principio 1: Mantener la calma con el repartidor de pizza es una práctica de humildad y perdón. Le permito adelantarme en el tráfico, le permito alcanzar con seguridad la rampa de salida desde el carril izquierdo, le permito olvidar el intermitente sin hacerle gestos ofensivos desde la ventanilla ni tocar la bocina porque tiene que haber un momento en mi complicada existencia en que deje pasar un coche que me adelante o me cierre el paso. A veces, cuando me siento muy segura de mis derechos de propiedad sobre mi carril y desafío a cualquiera a que me lo discuta, el chico de la pizza, en su maltrecho Chevette, pasa a toda velocidad a mi lado. La pizza de atrezzo que brilla sobre su coche como un faro me recuerda la necesidad de hacer examen mientras me desplazo por el mundo. Después de todo, el muchacho lleva pizza a jóvenes y viejos, familias y solitarios, gays y heteros, negros, blancos y mulatos, ricos y pobres, así como también a vegetarianos y a amantes de la carne. Cuando él viaja, yo le proporciono paso seguro, ejerzo la moderación, muestro cortesía y contengo la ira.

Principio 2: La calma ante el repartidor de pizza es una práctica de empatía. Veámoslo: todos tuvimos trabajos antes de tener un trabajo porque un poco de dinero es mejor que nada. Yo he tenido varios de esos empleos y estoy agradecida por la paga, que significó que no tuviera que compartir mi Cheerios con mis gatos. En la gran rueda de la vida, que tiene forma de pizza, a veces nos toca ser el queso burbujeante, y a veces, la costra quemada. Es bueno tener presente lo inconstante que es el material de esa rueda.

Principio 3: La calma ante el repartidor de pizza es una práctica honorable y me recuerda el deber de honrar el trabajo honesto. Permíteme decirte algo sobre esos muchachos: nunca se han hecho cargo de una empresa ni, como gerentes ejecutivos, han inflado artificialmente el valor de las existencias y han retirado su parte en efectivo, llevando a la compañía al borde de la quiebra y a veinte mil personas al desempleo (mientras el gerente ejecutivo se hacía construir una casa del tamaño de un hotel de lujo). Al contrario, esos muchachos duermen el sueño de los justos.

Principio 4: La calma ante el repartidor de pizza es una práctica igualitaria. Mi medida como ser humano, mi valor, es el orgullo con que hago mi trabajo –cualquier trabajo— y el respeto con que trato a los demás. Soy igual al resto del mundo, pero no por el coche que conduzco, ni por el tamaño del televisor que poseo, ni por el peso que soy capaz de levantar, ni por las ecuaciones que soy capaz de resolver. Soy igual a todo aquel con quien me cruzo por la bondad de mi corazón. Y eso comienza aquí, con el repartidor de pizza.

Dadle una buena propina, amigos y hermanos, porque lo que otorgáis libre y voluntariamente os traerá toda la buena suerte que un universo agradecido sabe cómo devolver.

Sarah Adams ha tenido muchos empleos en su vida, entre ellos el de vendedora por teléfono, obrera industrial, recepcionista de hotel y cajera de una floristería, pero nunca repartió pizzas. Criada en Wisconsin, Adams es actualmente profesora de inglés en el Olimpic College, en Washington.

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Este ensayo es material protegido por derechos de autor, reproducción o no se permite la extracción sin el consentimiento por escrito de Este a mi juicio, Inc Fue traducido por Horacio Vázquez-Rial y reimpreso con el permiso de la Plataforma Editorial.

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